Tuve la oportunidad de ver el cuidado y la dedicación que Katia tuvo con una gatita desde que era muy pequeña. Desde el primer día estuvo muy pendiente de ella, especialmente porque llegó con un problema en uno de sus ojitos. La llevó al veterinario de inmediato, siguió al pie de la letra el tratamiento con sus gotitas y siempre estuvo atenta a su recuperación. Además de cubrir todas sus necesidades, respetó su personalidad. Aunque era una gatita muy juguetona y no especialmente cariñosa, Katia entendió su forma de demostrar afecto y siempre le dio el espacio y la atención que necesitaba. Ver el compromiso y el cariño con el que la cuidó me da total confianza para recomendarla a cualquiera que busque a alguien responsable y amoroso para cuidar a sus mascotas.


















